martes, 5 de agosto de 2008

Entre paréntesis

Una conferencia con el
Dr.Alfredo Jalife-Rahme.

Alfredo Jalife-Rahme escribe una columna sobre geopolítica y energéticos en La Jornada que se llama Bajo la Lupa. Muy chingona, me gusta que habla de geoestrategia y cosas bien acá, como de James Bond. Me gusta mucho lo que escribe y es un cabrón muy informado. En ésta conferencia habla particularmente de México y arenga contra la reforma energética. Me choca un poco ese escarnio medio de secundaria que hace sobre los actores públicos, pero en general suelta un alud de datos sorprendentes y explica una bola de madres que Televisa y TV Azteca se la pasa mencionando, pero que no explica qué son.
Dura una hora veinticinco minutos.
A'i le miden el agua a los camotes.




...

Ojalá tengan paciencia para verlo.
Y si no, pos no.

Comenzamos con una queja...

Alguna vez subí un post mostrando algunas ilustraciones.
Eran dos que acabaron posicionandose en una página doble:


Por ambas ilustraciones la revista QUO pagó 2,000 pesos. Y eso porque les discutí que no estaba enterado de que se iban a usar en una página doble. Solo querían pagar 1,200 pesos.

Cuando la gente ve que uno trabaja en revistas de este tipo piensa que uno debe cobrar buen dinero. Falso, como pueden ver. El Grupo Editorial Expansión paga por ilustración 800 pesos. Por una página 1,200 pesos, y por una página doble 1,400 pesos.

El Grupo Editorial Castillo, ahora Corporativo Castillo-McMillan, paga por ilustración 400 pesos, y por una página completa 800 pesos, si es un inicio de capítulo: 1,200.

...

En alguna ocasión iba a trabajar haciendo guión para cine documental. Al entrevistarme con el realizador, el director pues, le pregunté sobre la posibilidad de ver el archivo documental. Me dijo que por cuestiones de derechos no se usarían. Pregunté si estábamos cortos de dinero. Me respondió que no, que el laboratorio patrocinador había aportado una "cantidad considerable". No se me quiso aclarar cuánto era "considerable" y sin estar enterado que yo era ilustrador, me pidió que no me preocupara por el material documental, que se buscaría un ilustrador y se le pagaría 250 pesos por ilustración. Un insulto.

...

Lamentablemente así es. El ilustrador es el último en una cadena de decisiones en las cuales él ya no tiene mucho margen de maniobra para negociar. Cuando se le llama generalmente el tiempo y el dinero se ha repartido entre escritores, editores, diseñadores y al ilustrador se le ha dejado al final. Alguna vez pensé que esmerarme en tener un buen nivel y estilo me ayudaría a negociar mejor paga y mejor trato. Falso. Esas cosas no pasan aquí. Nuestra cultura no paga la calidad.

¡UGH!
¡Qué mamón me oí!

...

Por otro lado las cosas no van a mejorar, corporativos como Televisa comenzaron a modificar sus políticas: Dan bonos de premio a los editores que logren reducir costos por concepto de colaboración. Y como Azcárraga es rol model para muchas corporaciones en el país no duden que el ejemplo cundirá. No faltará quién le entre el toro a pesar de todo: esquiroles no solo hay en los sindicatos charros. Como sea, los editores ya no estarán pensando en llevar la fiesta en paz con sus colaboradores; tendrá la mente puesta en su bonote de ahorro.

...

Por otro lado, la conversión tecnológica hace sus estragos...

Es hora de emigrar de oficio, o de pensar seriamente en vivir sin los corporativos.

To be or not to be. That is the question.

.

Hace muchos años, en una galaxia muy muy lejana...

...había un foro en Delphi que se llamaba Monos y Moneros (M&M), que administraba Carlos Campillo.

Entraban muchos dibujantes y fans de comic a postear, y ante el bajo nivel intelectual e informativo del personal me dediqué ser la vox clamantis in deserto: a ese discurso le llamé El monólogo del Gorila, en alusión a una obra de teatro que se llama así y que por cierto, es falso que la haya visto, como alguna vez afirmé, solo he visto un fragmento que pasaron hace mucho en el canal 11, pero me pasó como aquello de que uno se va contando un cuento y se lo vuelve a contar uno hasta que al final uno se lo cree y después ya no distingue uno el recuerdo de lo inventado. Pero ya me lo aclaré, así fue, a ver si luego me lanzo al teatro a ver la obra, si es que aún está montada.

En el Foro M&M mi avatar era San Lobo, que es un personajito que me inventé hace un buen y también se ma hace cagada la idea de poner a un lobo a hablar impostando a un gorila...

Les presento a San Lobo:

Arrancamos, pues...


Pues verán...

Tengo dos blogs, uno sobre temas de dibujo: el gorila, y otro sobre cantinas: cantinero nacional.
Cuando los abrí pensé que podía administrarlos junto con éste, pero la madre qué... no puedo ni con éste.

Así que los voy a mudar para acá y los voy a dejar en forma de tags...

See'ya.

Bachan y el cadaver exquisito...


Hace unos cuatro días en el sitio de Bachan comenzó un cadáver exquisito en cómic.
Arranca él, sigo yo, luego Humberto Ramos...

El calendario es:
  • Agosto 1- Bachan (Yo mero)
  • Agosto 4- Edgar Clement
  • Agosto 7- Humberto Ramos
  • Agosto 10- José Quintero
  • Agosto 13- Patricio Betteo
  • Agosto 16- Lucas Marangon
  • Agosto 19- Francisco Herrera
  • Agosto 22- Tony Sandoval
Ésta es mi tira...

...pero mejor láncence al sitio a ver cómo va a desarrollarse.
¡Aaaaaaarrancan!

¡Ah!
Aquí la nota en La Jornada.


domingo, 3 de agosto de 2008

¿Se acuerdan del News Divine?


Aumenta a 145 muertos por estampida en India
La mayoría de las víctimas son mujeres y niños; el accidente ocurrió en un templo del norte del país.

Reuters, 3 de agosto de 2008.


NUEVA DELHI.- Al menos 145 personas, en su mayoría mujeres y niños, murieron aplastadas el domingo tras una estampida en un templo del norte de India, dijo la policía. La estampida ocurrió en el estado de Himachal Pradesh cuando el enrejado de fierro que conducía al templo hindú se quebró, causando pánico, mientras personas que huían pisoteaban a mujeres y niños caídos, dijeron. "Tenemos ahora confirmación de que 145 personas han muerto", declaró por teléfono Daljit Singh Manhas, un alto oficial de la policía local. "Los heridos han sido llevados a dos sitios y el número de víctimas podría ser mayor, porque estamos esperando noticias de otros hospitales", dijo Manhas en un contacto teléfonico previo. El oficial dijo que al menos 45 mujeres estaban entre las víctimas fatales. Los niños fueron los primeros en caer al piso y ser aplastados por fieles que corrían para ponerse a salvo, aún cuando sus padres trataban de protegerlos, dijeron funcionarios de la policía. Más de tres mil personas estaban intentando ingresar al templo al mismo tiempo cuando parte del enrejado se rompió, lo que provocó pánico.

Una nota más completa en El País.

***

Cuando escucho a nuestros políticos y empresarios que hay que hacer las cosas "como en los países desarrollados", me pregunto si de veras nos serviría seguir esos ejemplos cuando nuestras circunstancias se parecen más a países como Tailandia, India, o Turquía. Donde hay poblaciones premodernas, con ritos arcaicos y sincretizados y padecen imposiciones occidentales promovidas por sus clases dirigentes, cacicazgos formados por empresarios locales que buscan insertarse en la economía global y políticos que sirven como pivote entre estos empresarios-caciques locales y los corporativos extranjeros que buscan obtener recursos de esas tierras, habitadas e su mayoría por masas de gente atrasada, ignorante y semisalvaje.

No sé... creo que primero debemos reconocer que NO SOMOS PRIMER MUNDO, luego NO AZOTARNOS, que nos requeteencanta, y luego ver cómo van avanzando estos países. Copiar más que el sistema electoral gringo, el proceso democratizador de Turquía, más que el modelo de privatización de escuelas, el modelo educativo hindú, que exporta matemáticos de alto nivel luchando con una sociedad de religión muy conservadora y añeja, más que el cine hollywoodense ver qué hacen los tailandeses, que están desarrollando una industria cinematográfica fuerte a contracorriente de la neoliberalización de la economía... no sé, como que para ser honesto conmigo, me queda mejor ese saco que el saco del güero.

sábado, 2 de agosto de 2008

Marea Humana


MAREA HUMANA
Por Pentti Linkola
Introducción de Michael Moynihan

¿Son las teorías de Pentti Linkola las más peligrosas que ha conocido la humanidad? ¿O es el último hombre cuerdo de este planeta? Durante su ascética existencia como pescador en una región rural de su gélida patria, este filósofo finlandés ha considerado con detalle la relación entre la tierra y los seres humanos, y se atreve a hablar sin tapujos al respecto. Para mantener el planeta con vida, el hombre -u homo destructivus como lo llama Linkola- debe ser violentamente reducido en número hasta que las cifras de población globales estén al mínimo. La metáfora que emplea el autor es la siguiente:
"¿Qué se puede hacer cuando un barco que transporta cien pasajeros naufraga y sólo hay disponible un bote salvavidas con capacidad para diez personas? Cuando el bote esté completo, aquellos que odian la vida intentarán cargarlo con más personas y acabarán hundiéndolo. Aquellos que aman la vida tomarán un hacha del barco y cortarán las manos de aquellos que se aferran a los costados del bote"
Según avanza el tiempo, las predicciones y acusaciones de Linkola se van haciendo más alarmantes. Enemigo jurado de cristianos y humanistas, Linkola sabe que no serán aquellos que exaltan "la ternura, el amor y las guirnaldas de flores" los que salven la tierra. Ni los países desarrollados ni los subdesarrollados merecen sobrevivir a expensas de la biosfera. Linkola ha abogado porque millones de personas sean privadas de comida hasta la muerte o masacradas en guerras civiles genocidas. Se realizarían abortos obligatorios a cualquier mujer que pariese más de dos hijos. Los únicos países capaces de aplicar estas medidas serían los occidentales, pero irónicamente son los más afectados por el liberalismo humanista. Como explica Linkola, "los Estados Unidos se cimentan sobre las dos peores ideologías que han existido: el progreso y la libertad". La solución realista a esta situación sería la implementación de un régimen ecofascista donde batallones de brutales "policías verdes", con las conciencias libres del cepo de la ética humanista, fuesen capaces de hacer aquello que fuese necesario.
En Finlandia, los libros de Linkola son best-sellers. El resto del mundo no puede tragar sus ideas, como se evidencia en un artículo publicado por el Wall Street Journal en 1995. Se recibio una montaña de correo de lectores indignados: cristianos pacifistas, madres bienpensantes y demás "bienhechores". En una de esas cartas se leía: "Aquellos que abogan sinceramente por la despoblación deberían dar ejemplo y comenzar esta despoblación por ellos mismos". La respuesta de Linkola es mucho más lógica: "Me sacrificaría a mí mismo sin dudarlo si mi muerte conllevase la eliminación de millones de personas".

Lo que sigue a continuación es un capítulo de su libro de 1989 Johdatus 1990-luvun ajatteluun ("Introducción al pensamiento de los noventa").


***

¿Qué es el hombre? "Qué eres tú, oh hombre", se solían preguntar los poetas de la antigüedad. El hombre puede ser definido arbitariamente de muchas maneras, pero para expresar su característica principal se podrían usar una sola palabra: demasiado. Yo soy demasiado, tú eres demasiado. Somos cinco míl millones; un número absurdo, asombroso, que se incrementa día a día... La biosfera de la tierra podría seguramente soportar una población de cinco mil millones de mamíferos de nuestro tamaño, pero con unos requerimientos de comida normales y produciendo una cantidad de deshechos razonable, de tal forma que pudiesen existir en su propio nicho ecológico, viviendo como una especie más, sin amenazar la riqueza de otras formas de vida.
¿Qué sentido tienen todas estas masas, para qué sirven? ¿Qué nuevas contribuciones esenciales dan al mundo los cientos de sociedades humanes similares las unas a las otras, o los cientos de comunidades que existen dentro de esas sociedades? ¿Qué sentido tiene que cada pequeño pueblo finlandés tenga los mismos talleres y las mismas tiendas, los mismos coros de iglesia y los mismos teatros municipales, abarrotando la tierra con sus cimientos y sus planchas de asfalto? ¿Sería una gran pérdida para la biosfera si el área urbana de Äänekoski fuese sustituida por un paisaje libre, salvaje y natural, conteniendo miles de especies y laderas pobladas de árboles nudosos y primitivos, que se reflejarían sobre la reluciente superficie del lago Kuhmojärvi? ¿O sería quizás una gran pérdida si un pequeño puñado de pueblos desapareciesen del mapa -Ylivieska, Kuusamo, lahti, Duisburg, Jefremov, Gloucester- y la naturaleza los reemplazase? ¿Y si desapareciese Bélgica?
¿De qué nos sirve Ylivieska [pueblo finlandés de 90.000 habitantes, n. del t.]? La pregunta no es ingeniosa pero sí relevante. Y la respuesta no es que ese tipo de lugares no sirven para nada, sino más bien que a la gente de Ylivieska sí les sirve: viven allí. No estoy hablando sólo del estrangulamiento de la vida debido a la explosión demográfica, ni de que el ritmo respiratorio de la la tierra clama entre jadeos por los productivos oasis metabólicos verdes que existen entre las áreas arrasadas por el hombre. También hablo de que la humanidad, en el proceso de parir esas incontables multitudes generadoras de basura, ahoga e injuria a su propia cultura; una cultura en la que los individuos y las comunidades han buscado espasmódicamente el "sentido de la vida", creándose una identidad para sí mismos con argumentos banales e infantiles.
Pasé un verano entero recorriendo Polonia en bicicleta. Es un país precioso, un páis en el que pequeños niños católicos, guapos como botones, vestidos casi por completo con seda, aparecen por cada esquina. Leí en un folleto para turistas que en Polonia el porcentaje de gente que murió en la Segunda Guerra Mundial es mucho más grande que en cualquier otro país: cerca de seis millones, si no me falla la memoria. Con las cifras que ofrecía ese mismo folleto pude calcular que, desde el final de la guerra, el crecimiento de población ha triplicado la cifra de muertos, en cuarenta años... En mi siguiente viaje fui a la ciudad más bombardeada del mundo, Dresde. Era horrible con su fealdad y suciedad, disecada hasta la asfixia; un rincón ahumado, contaminado, donde la primera impresión es que otro ataque desde el cielo no vendría nada mal. ¿Quién echa de menos a todos aquellos que murieron en la Segunda Guerra Mundial? ¿Quién echa de menos a aquellos que ejecutó Stalin? ¿Quién echa de menos a los seis millones de judíos que eliminó Hitler? Israel está superpoblado; en asia menor la superpoblación provoca luchas por unos pocos metros cuadrados de desierto. Las ciudades de todo el mundo fueron reconstruidas y rellenadas hasta el tope con gente hace tiempo, sus iglesias y monumentos restaurados, para que la lluvia ácida tenga algo que destruir. ¿Quién añora el potencial procreador desperdiciado de aquellos que murieron en la segunda guerra mundial? ¿Necesita el mundo otros cien millones de personas en este momento? ¿Hay escasez de libros, canciones, películas, perros de porcelana, floreros? ¿No es suficiente con mil millones de madres amantes y mil millones de dulces abuelas de cabellos grises?
Todas las especies tienen una capacidad desproporcionada para reproducirse; si no fuese así se extinguirían al menor atisbo de crisis o al variar las circunstancias del entorno. Al final es siempre el hambre lo que limita el crecimiento de la población. Muchísimas especies tienen mecanismos para autoregular sus nacimientos que les impiden caer constantemente en situaciones de crisis y sufrir hambrunas. En el caso del hombre, sin embargo, esos mecanismos, cuando existen, son débiles e inefectivos: por ejemplo, el infanticidio a pequeña escala practicado en las culturas primitivas. A través de su desarrollo evolutivo la humanidad ha derrotado a las hambrunas. El hombre ha sido un procreador destacado, en esto se ha comportado decididamente como un animal. La humanidad engendra abundantemente tanto cuando vive en condiciones de estrechez como cuando lo hace en condiciones prósperas. Los humanos se reproducen abundantemente en los tiempos de paz y de forma especialmente abundante en los momentos posteriores a una guerra, debido a un peculiar decreto de la naturaleza.
El hombre no puede cambiar el hecho de que el hambre limita el crecimiento de sus poblaciones, pero sí ha tenido éxito luchando contra la propia escasez de alimentos. El hombre es extremadamente fecundo como especie.
En la historia de la humanidad observamos la desesperada lucha de la Naturaleza contra un error de su propia evolución. Un método de restricción antiguo y hasta entonces eficaz, el hambre, comenzó a perder su eficacia poco a poco según la capacidad tecnológica del hombre aumentaba. El hombre se ha liberado de las cadenas naturales y ha empezado a acaparar para sí más y más recursos, desplazando a otras formas de vida. La Naturaleza tomó nota de la situación, se dio cuenta de que había perdido el primer asalto y cambió de estrategia. Blandió un arma que no le había sido posible emplear cuando el enemigo había estado más disperso, pero que ahora tendría máxima efectividad contra las densas tropas del enemigo. Con la ayuda de los microbios -o "enfermedades infecciosas", como las llama el hombre en su jerga de propaganda bélica- la Naturaleza luchó testarudamente por más de dos mil años contra la humanidad y consiguió muchas victorias brillantes. Pero aquellos triunfos localizados fueron poco a poco perdiendo importancia. La naturaleza no fue capaz de destruir a los altos cuadros de la humanidad, científicos e investigadores que trabajaron duramente hasta conseguir desarmar a la Naturaleza de su arsenal. En este punto la Naturaleza -desarmada pero rabiosa y con cierta autoestima aún- decidió conceder al hombre esta victoria pírrica, pero sólo en el más absoluto sentido del término. Durante toda la guerra, la Naturaleza había mantenido una relación particular con el enemigo: habían compartido ambos las mismas fuentes de provisiones, bebido de las mismas fuentes y comido de los mismos campos. Independientemente del curso de la guerra, una posición de permanente restricción prevaleció en este momento; así como el enemigo no había conseguido conquistar los puestos de provisiones, la Naturaleza tampoco tenía la capacidad de tomarlos para sí. La única opción que quedaba era la política de autoinmolación, que la Naturaleza ya había probado a pequeña escala durante la fase microbiana de la guerra y que decidió aplicar hasta sus últimas consecuencias. La Naturaleza no se rindió, buscó un empate aunque fuese al precio de la autodestrucción. Después de todo el hombre no era un enemigo externo o autónomo, sino un tumor interior. Y el destino del tumor es morir con su huésped.
En el caso del hombre -que se sitúa en lo alto de la cadena alimenticia aunque carece de la capacidad de restringir su crecimiento demográfico- podría parecer que su salvación sería la propensión a matar a otros hombres. La tan humana costumbre de la guerra, con sus masacres al por mayor de humanoides, podría contener la receta para un efectivo control de población, si no fuese porque ha sido totalmente desbaratada, ya que no hay ninguna cultura humana en la que las mujeres tomen partido en la guerra. Así, incluso las más grandes reducciones de población debidas a la guerra afectan únicamente a los varones. La siguiente generación ya se ha repuesto de las pérdidas, y por la ley natural del "baby-boom" rebasa de largo las cifras de la anterior generación, ya que las mujeres son fecundadas por un número menos de hombres. En realidad la evolución de la guerra, aunque errática, ha sido incluso negativa: en las primeras fases de su desarrollo hubo más guerras del tipo de las que eliminan también moderadas cantidades de civiles. Pero en un giro tragicómico del destino del hombre, en el mismo punto en el que la guerra parecía capaz de llevarse por delante a un número significativo de mujeres -como se puede colegir de los bombardeos de civiles de la Segunda Guerra Mundial-, la tecnología militar avanzó hasta tal punto que las guerras a gran escala (que son las que podrían tener un impacto demográfico sustancial) se hicieron imposibles.